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Precios de transferencia en tiempos de COVID-19

Los efectos devastadores de la actual pandemia en la salud y la vida de las personas tienen un correlato sin precedentes en la actividad económica de los países y de las empresas alrededor del mundo.  Así, de acuerdo con las Perspectivas Económicas Mundiales publicadas por el Banco Mundial en junio del 2020, enfrentamos la recesión mundial más profunda que se haya experimentado desde la Segunda Guerra Mundial, con un 2020 que mostrará decrecimiento económico en casi todos los países del globo en simultáneo, y con un resultado final aún incierto.

Latinoamérica es sin duda una de las regiones con mayor impacto, con una caída esperada de su PBI en 7,2 %. Y el Perú será uno de los países con mayor recesión a nivel regional y mundial, con una caída esperada del PBI de entre el 12 % y el 15 %, bastante por encima de países vecinos como Colombia (-4,9 %), Ecuador (-7,4 %), Brasil (-8 %), Bolivia (-5,9 %), Chile (-4,3 %), Argentina (-7,3 %) y México (-7,5 %).

Estos indicadores macroeconómicos están explicados por el comportamiento de los agentes a nivel microeconómico, en el que han confluido shocks de oferta, generados por factores tales como cuarentenas, restricciones al desarrollo de diversas actividades económicas, restricciones en los niveles de producción para adecuarse a los nuevos requerimientos de distanciamiento social, y shocks de demanda, generados por factores tales como el incremento en el desempleo, la reducción en las remuneraciones de los trabajadores, y una mayor propensión hacia el ahorro, entre otros. Si bien los impactos son de diversa magnitud, dependiendo del sector económico, también es cierto que son pocos los sectores con impactos leves o positivos.

Esta coyuntura plantea un reto a los análisis de precios de transferencia de compañías que pertenecen a grupos económicos, puesto que las metodologías más utilizadas, tales como el método del margen neto transaccional, consisten justamente en evaluar la rentabilidad operativa que genera cada empresa de manera individual, con la expectativa por parte de las administraciones tributarias de que dicha rentabilidad sea positiva y genere impuestos a la renta en cada país.

En tiempos de bonanza, el enfoque mencionado anteriormente suele ofrecer un espacio relativamente amplio para lograr puntos de encuentro entre las expectativas de los grupos económicos y las administraciones tributarias, pues la utilidad consolidada que genera el grupo se puede distribuir entre las distintas empresas que lo conforman, logrando que cada una de ellas genere niveles de rentabilidad dentro o por encima de los rangos de mercado esperados y, por ende, tribute en los países en que opera, en niveles acordes con las expectativas de dichos países.

Sin embargo, en tiempos de crisis, en los que un gran número de grupos económicos enfrentarán pérdidas este año, se genera más bien un territorio de posibles desencuentros puesto que, del lado de las empresas, habrá poca o ninguna utilidad a nivel consolidado, pero del lado de las administraciones fiscales, en un contexto en que la caja fiscal estará reducida no solo por el efecto de la menor recaudación, sino también por el impacto del mayor gasto público dedicado a programas de reactivación económica o programas de ayuda estatal, no será tan simple aceptar que este año las empresas que pertenecen a grupos económicos paguen muy poco o nada en impuestos.

Ante este escenario, la comunidad de especialistas en precios de transferencia viene planteando diversas ideas para los análisis de precios de transferencia del 2020, entre las que destacan las tres siguientes, enunciadas de menor a mayor complejidad:

El período examinado

Hasta el año pasado, existía cierto consenso en el mercado sobre que, al momento de comparar indicadores de rentabilidad, era razonable considerar el año examinado para la parte examinada y compararlo con el promedio de los tres años de las comparables.

De esta manera, si el año que se estaba evaluando era el 2019, lo usual era comparar la rentabilidad que generaba la empresa examinada en el 2019 versus la utilidad que empresas comparables habían generado, en promedio, en un período de tres años, que podía ser el 2017-2018-2019 o el 2016-2017-2018.

Uno de los motivos para realizar este tipo de comparación es el hecho de que la información financiera de las compañías comparables no está disponible de manera inmediata al cierre del ejercicio, sino que la misma tiene un proceso de cierre, auditoría y publicación, que puede tardar algunos meses.

Si bien esta lógica funcionaba en el pasado, con una economía relativamente estable, en el 2020 este tipo de comparación deja de tener sentido económico, puesto que el 2020 es un año de recesión sin precedentes y, por lo tanto, mal haríamos en comparar con el promedio de años pasados.

Parece existir cierto consenso en el mercado en que lo mejor será comparar el 2020 de la compañía examinada contra el 2020 de las comparables, aunque esto implique recurrir a alguna o varias de las siguientes alternativas para hacerlo:

  • Esperar hasta que la información del ejercicio 2020 de las comparables esté disponible. Esto requeriría seguramente contar con algún tipo de prórroga, no solo para la entrega de la documentación de precios de transferencia del 2020 sino incluso de la declaración jurada del impuesto a la renta del 2020, que considera al análisis de precios de transferencia como un insumo importante.
  • Trabajar con información trimestral disponible 2020 de las comparables.
  • Trabajar con información financiera proyectada del 2020 para las comparables.

¿Hacia una utilidad operativa pre-COVID?

Otro de los planteamientos es identificar de manera cuantitativa los efectos puntuales que la pandemia ha tenido en los resultados del año de la empresa examinada.

Esto incluye identificar, por ejemplo, variaciones significativas en provisiones por incobrables, provisiones por deterioro de inventarios, provisiones por deterioro de activos, gastos por indemnizaciones por recortes de personal, gastos fijos por capacidad productiva ociosa o por fuerza de ventas ociosa.

Una vez identificados, se podría, con relativa facilidad, simular cuál habría sido la rentabilidad de la compañía en caso de no haber enfrentado estas situaciones atípicas producto de la pandemia.

Cabe mencionar que, en caso de excluir estos efectos en la compañía examinada y, para salvaguardar un adecuado nivel de comparabilidad, también deberían evaluarse y excluirse en las compañías comparables, de ser el caso.

Si bien los rubros mencionados pueden ser identificables y cuantificables, hay otras líneas cuyas variaciones podrían resultar mucho más difíciles de atribuir a la pandemia, como, por ejemplo, las variaciones significativas en las ventas o en los costos de ventas.

Asimismo, encontramos a quienes proponen migrar hacia el análisis a nivel de utilidad bruta, lo cual vale la pena evaluar, a pesar de los antecedentes en contra de este tipo de metodologías, tanto en fiscalizaciones como en el Tribunal Fiscal.

¿Qué hacemos con las comparables?

Finalmente, con respecto a las compañías comparables, surgen diversos planteamientos, desde hacer ajustes para reflejar las diferencias del comportamiento del PBI en el país de cada una de ellas, hasta simular su utilidad ante las caídas en las ventas similares a las de la parte examinada, ello a partir de su comportamiento en los costos fijos y variables.

Este último grupo de ideas es el que posiblemente genere mayor controversia en el caso de ser aplicado.

En consecuencia, todas estas alternativas deberán ser estudiadas y evaluadas, de preferencia con anterioridad al cierre del ejercicio 2020, para tomar acciones correctivas en caso de ser necesario y factible.

Este 2020 no solo ha desafiado nuestras vidas, nuestra salud y nuestros comportamientos y estilos de vida, sino que, para quienes estamos involucrados en los análisis de precios de transferencia, ha desafiado nuestras convenciones y nos obliga a evolucionar.

 

Fuente: 

Juan Carlos Vidal
Docente de la Maestría en Tributación y Política Fiscal
Universidad de Lima


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